Fundamentos del Nacionalsocialismo - Alfred Rosenberg

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Hacia el tercer Reich - Joseph Goebbels

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HACIA EL III REICH! Recoge parte de los artículos fundamentales que Joseph Goebbels escribiera en su famoso  semanario Der Angriff, órgano oficial de la Seccional Berlín del N.S.D.A.P.
El impacto que está causando en nuestro país La Conquista de Berlín, una de las obras cumbres del célebre Ministro de Propaganda del Führer, que acabamos de publicar, nos ha decidido a presentar a nuestros lectores este volumen que constituye el complemente orgánico de la obra de referencia, dado que corresponde justamente a la Kampf um Berlin.
La prosa arrebatadora y violenta de Goebbels –maestro sin par de la propaganda política moderna y uno de los más eximios agitadores revolucionarios de la historia, a través de estos “verdaderos discursos escritos”, como él los calificara, nos muestra en toda su dimensión el drama de la Alemania de Weimar y, simultáneamente, la ascensión trágica y heroica del ejercito pardo de Adolf Hitler en busca del Nuevo Reich de la Revolución Nacionalsocialista.

ÍNDICE

LA VOZ DE LOS PERSEGUIDOS
I - LUCHA POR LA IDEA
¡NOSOTROS EXIGIMOS!
¡NOSOTROS NO CAPITULAMOS!
EMPEZANDO EL NUEVO AÑO
SABER ESPERAR
LA VIEJA GUARDIA
¿QUÉ QUEREMOS EN EL REICHSTAG?
PUEDE EMPEZAR
LLAMADO A LA CORDURA
¡AL PUEBLO ALEMÁN PRODUCTOR!
LA ÚLTIMA MENTIRA ELECTORAL
ANTES DE LA DECISIÓN
CIENTO SIETE
¿POR QUÉ ATACAMOS?
¿ES ESTE UN ESTADO?
¡PROCLAMA!
SIGNOS DE TORMENTA
LA CATASTROFE
CONTRA EL ENEMIGO DEL PUEBLO
PERVERSIÓN DEL CARÁCTER
DEMANDAS REVOLUCIONARIAS
PACIFISMO
¡RESPONSABILIDAD!
LO QUE DEVENDRA HISTORIA
AÑO DE LUCHA 1930
EL PARTIDO
EL FÜHRER
CUANDO HABLA HITLER
II - LOS TESTIGOS DE LA SANGRE
¡RECORDAMOS A LOS MUERTOS!
BANDERAS SOBRE LA CIUDAD
EL PAÑO SAGRADO
KÜTEMEYER
SOLO UN TRABAJADOR ALEMAN
ARRIESGAR LA VIDA
¡HÉROES!
PALABRAS IMPERECEDERAS
¡EN ALTO LA BANDERA!
HASTA LAS HECES
UN MUERTO HABLA
LA VOZ DE LOS PERSEGUIDOS (1)

El 5 de mayo de 1927 triunfaba la prensa berlinesa: el NSDAP fue prohibido policialmente en el distrito Berlín-Brandenburg. Valiéndose del derecho común -que provenía de la época de Federico el Grande- la presidencia de Policía, que casualmente estaba en manos de un judío, desterró al joven Movimiento de las calles y salas y de la esfera pública en general.
El Partido contaba en ese momento con 1.400 socios inscriptos, en una ciudad de 4.500.000 habitantes. Pero era ya tan activo que los poderes reinantes lo veían, con razón, como una amenaza.
La prohibición se había efectuado, escribía la prensa judía, porque la SA la noche anterior había echado de una asamblea, cubierto de sangre, al digno y canoso pastor Stucke.
Stucke se había dirigido inmediatamente después del hecho, a la presidencia de Policía, para completar su infamia. Unos días más tarde se presentó como orador en una asamblea del Reichsbanner (Estandarte del Reich) (2). Las autoridades eclesiásticas comunicaron, seguidamente que Stucke había sido despedido por indignidad y que no podía llevar ni el título ni la vestimenta de un pastor. Se trataba de un bebedor consuetudinario.
El Dr. Goebbels interpuso recurso ante el Presidente del Superior Tribunal y el Superior Juzgado en lo Contencioso-Administrativo. Inútilmente. El procedimiento fue dilatado porque el señor presidente de Policía de Berlín solicitaba constantemente la prolongación del plazo, argumentando que necesitaba tiempo para aportar el material necesario.
El Dr. Goebbels exigió que se le citara ante el juez. No se atrevieron a ello.
Durante once meses, hasta el 1º de abril de 1928, el Partido permaneció prohibido en Berlin. En este tiempo Der Angriff  (3) fue la voz de los perseguidos.
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1 Introducción al primer capítulo de la reedición de 1936 (N. Del T.)
2 Organización bolchevique (N. del T.)
3 El Ataque (N. del T.)

La SS europea - Erik Arnald

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Los medios de desinformación se han empeñado en presentar a la Waffen SS como una banda de asesinos sedientos de sangre y a sus miembros no alemanes como despreciables traidores a la patria.
Sin embargo, Erik Arnal la presenta como un heroico ejército que luchó por una nueva concepción del mundo y de Europa en particular: ni criminales, ni mercenarios, ni traidores, los voluntarios de la Waffen SS, constituyeron los soldados revolucionarios que –superando el artificial marco del patrioterismo burgués – lucharon, con un heroísmo sin limites, por salvar la civilización occidental y fundar una Nueva Europa, comunitaria y libre, más allá del capitalismo envilecedor e inhumano de signo bolchevique o demoliberal.
Auténtico combatiente y protagonista de la trágica epopeya, el SS Untersturmführer Eric Arnald nos ha entregado con LA SS EUROPEA un documento fundamental para comprender la verdadera naturaleza del Ejército Europeo.
ÍNDICE

LOS ORIGENES
SOLDADOS POLÍTICOS
SANGRE Y SUELO
LAS «WAFFEN-SS» GERMANICAS
LAS «WAFFEN-SS» ARIAS
LA «WAFFEN-SS» PANEUROPEA
LA «WAFFEN-SS» MULTIRRACIAL
EUROPA EN BERLIN
INTRODUCCIÓN

En los años que precedieron la toma del poder, el N.S.D.A.P. disponía de dos organizaciones paramilitares: las "Secciones de Asalto" («Sturm Abteilung» o "S.A."); y los "Grupos de Protección («Schutz Staffel» o "S.S."). Como lo indican, por sus respectivos nombres, la "SA" había sido creada para la lucha callejera contra las brigadas armadas del Frente Rojo y la policía de la República de Weimar, mientras que la "SS", tenía como misión proteger a los jefes, las reuniones y los locales del Movimiento. Por supuesto, en esta primera fase del proceso revolucionario, la ofensiva era mucho más importante que la defensa y la SA desempeñaba un papel preponderante.
  La situación cambió una vez alcanzado el Poder. Ya no había nada más que conquistar mediante la fuerza y por las armas. Por el contrario, ahora era imprescindible asegurarse la protección, no ya solamente del Partido, sino también del Estado; y, de modo más general, de la Revolución. La SA tuvo que ceder el paso a la SS, lo que algunos de sus jefes no aceptaron de buena gana.
 Esta situación desembocó en la misma "Noche de los Cuchillos Largos", en la cual HITLER sofocó violentamente, con la SS, un conato de sublevación   encabezado por ROEHM, Gregor STRASSER y otros. Esto aseguró, de un modo   definitivo, la supremacía del "Cuerpo Negro" («Schwarze Korps»), dentro del Partido y del Estado. Supremacía esta tanto más efectiva en cuanto que HITLER confió además en el mando supremo de la policía, al mismo «Reichsführer-SS» Heinrich HIMMLER. De esta forma, la fuerza de seguridad del propio Estado pasó a depender de la sólida fuerza de seguridad del Movimiento.
  Cuando Alemania, ante la guerra que visiblemente parecía se aproximaba, ya empezó a rearmarse, sólo contaba con ese ejército de cien mil hombres mal armados que el "Tratado de Versalles" le había permitido conservar. Pero, eso sí, serían cien mil hombres magníficamente instruidos, donde los meros soldados rasos tenían una preparación similar a la de un buen suboficial de otro país, y así habían sido seleccionados y bien formados, por el anterior gobierno democrático... Muchos oficiales, por otra parte, habían recibido su mejor instrucción en la Unión Soviética. Por más que se hubieran reincorporado oficiales y suboficiales de la Primera Guerra Mundial, casi todos rozando los 50 años de edad, la nueva «Wehrmacht» (Poder armado), encuadraba a muchísimos hombres cuya lealtad política era altamente dudosa. Fue el fundamental motivo que obligará a HITLER a crear la "SS"; como un ejército paralelo y muy fiel con el que pudiera contar en cualquier circunstancia: Las «Waffen SS» (SS armadas).
  Y por cierto, no se trataba, ni de movilizar a los miembros de las «Allgemeine SS» (SS generales; es decir, la SS del tiempo de paz), indiscriminadamente, ni muchísimo menos, constituir con ellos una especie de "policía militar", sino por el contrario de formar un cuerpo de élite, que reuniendo una eficacia excepcional en el campo de batalla a un óptimo ímpetu ideológico (el derivado de su sincera identificación con el Nacionalsocialismo), sirviera como de "punta de lanza" para la entera nación armada. Semejante ejército sólo podía constituirse con voluntarios, pero duramente seleccionados en función de su biotipo, su concepción del mundo, su edad y ya tras ello, sometidos a un entrenamiento despiadado. Por eso, la historia militar de la Segunda Guerra Mundial, es una clara evidencia de lo que se logró en este campo. El enorme conflicto de 1939 apareció, en un primer momento, como otro más, del tipo clásico. Un «casus belli», provocado por la diplomacia inglesa en una frontera de Polonia; la declaración de guerra al «Reich» por parte de Gran Bretaña y Francia, fue en virtud del juego de sus alianzas y luego una campaña militar que opuso a los ejércitos nacionales de ambos bandos. El pacto de no agresión, firmado entre Alemania y la Unión Soviética, reforzaba esta impresión. El Japón, aliado de los países del Eje, mediante el pacto «Antikomintern», no se había movido. Los Estados Unidos tampoco habían intervenido. Aún, ni siquiera el ejército alemán, después de la campaña de Francia, había intentado cruzar el canal de la Mancha para ocupar una Gran Bretaña, ahora manifiestamente indefensa... Dicho con otras palabras, todo parecía indicar que Alemania combatía meramente para repeler una agresión provocada por la querella del corredor de Dantzig. Pero las cosas cambiaron cuando, el 22 de junio de 1941, se desencadenó la "Operación Barbarroja". La «Wehrmacht» se adentró en territorio soviético. Aquí, ya no se trataba de un "conflicto entre naciones" típico, que defendían o aparentaban defender sus   legítimos intereses, sino de un choque de bandos ideológicamente ahora bien   definidos: por un lado, los países demoplutocráticos, liderados por los   Estados Unidos, con su aliado marxista; por el otro, una Europa nueva y   revolucionaria, encabezada por Alemania. Ya resultaba difícil permanecer   neutral.
  En casi todos los países del viejo continente entonces había desde tiempo antes de la guerra, movimientos o partidos que, por su doctrina, tenían   bastante en común con el Nacional-Socialismo alemán. Muy varios antisemitas, anticomunistas, anticapitalistas y antidemocráticos, aspiraban a establecer regímenes más o menos revolucionarios y a la vez, nacionalistas y socialistas.
  Algunos de ellos -como los de Italia y España-, estaban el poder. Hasta, no sin reservas, se encontraban en el mismo bando que Alemania. Otros, como   Rumania con su "Guardia de Hierro", simpatizaban muy abiertamente con la   política de Berlín. Otros más, como Bélgica, con el "Rex", estaban tironeados entre dos diferentes lealtades, la territorial y la ideológica. Y no faltaban los que, en virtud de su nacionalismo, manifestaban un antigermanismo rabioso, y en especial la "Acción Francesa"; aunque cuya doctrina, vía Italia, había influido de modo marcado en el Nacional-Socialismo alemán.
  Había, en fin, diferentes movimientos nacionales cuyas posiciones ideológicas no estaban aún claramente definidas, pero que aspiran a la independencia de sus países, sometidos a un poder extranjero que les oprime (el "V.N.V." flamenco, en Bélgica; o la "Ustascha" croata, en Yugoslavia); y por eso no vacilarían en plegarse a los postulados doctrinarios de quienes les dieran la libertad.
  Las inquietudes suscitadas por el "Pacto Hitler-Stalin", con los comprensibles escrúpulos nacionales, que paralizaban entonces a los movimientos y partidos del tipo nacional-socialista, en los países no aliados de Alemania, se desvanecieron en junio de 1941. Ya no se trataba de saber por dónde debía correr una frontera muy discutida ni, en los países que Alemania acababa de vencer, estar alimentando revanchismos militares de otra época sino de combatir todos reunidos y aceptando el liderazgo impuesto por la historia, contra el enemigo común y de echar así los cimientos de la futura Europa unida que pregonaba la propaganda alemana (a veces, no sin segundas intenciones, en estos primeros momentos). En toda Europa occidental (menos en Portugal, por las presiones de Gran Bretaña, y en Irlanda, por razones geográficas), los Estados o Movimientos crearon legiones de voluntarios que se pusieron a las órdenes del alto mando alemán. Simbólicamente, justo la primera de ellas fue la "L.V.F." (o sea la "Legión de los Voluntarios Franceses contra el Bolchevismo"). Luego, no tardaron en constituirse las unidades formadas por los prisioneros de guerra soviéticos (pertenecientes a las diversas nacionalidades de la U.R.S.S.; sometidas por ella) muchos de los cuales se rindieron y habían entregado sin combate; precisamente con el propósito de alistarse en el Ejército Alemán. Así la "Legión Armenia", la "Legión Tártara" y varios regimientos de cosacos, etc., etc.; y ésto sin hablar de los ucranianos, como de los rusos propiamente dichos. Esto a pesar de las vacilaciones y, a veces, de la total incoherencia de las autoridades alemanas, que fluctuaban entre una "política de nacionalidades", que tendía a dividir el antiguo Imperio Ruso, y el apoyo a los nacionalistas panrusos del General  VLASOW... Mencionemos aún los «Schutzkorps», formados en Servia, pero con   rusos blancos, y donde se alcanzaron los efectivos de una división. De todas estas unidades, dos tenían, desde el punto de vista jurídico, un   estatuto especial, pues habían sido creadas por unos Estados soberanos: la   "Legión de los Voluntarios Franceses contra el Bolchevismo", y la "División   Azul" española. Las demás estaban constituidas en países ya ocupados por el   ejército alemán, y sólo dependían de este último. Pero este matiz en lo legal desaparecía en el terreno práctico; puesto que, todas resultaban incorporadas en la «Wehrmacht» como regimientos regulares.
  Decir que el "O.K.W." (Gran Estado Mayor Alemán), se alegró mucho de la   llegada de esos voluntarios extranjeros sería un neto abuso de palabra... Si la incorporación de los que hablaban algún idioma germánico no suscitó mayores aprensiones, no paso lo mismo con los franceses y los valones. El Alto Mando Militar Alemán era radicalmente pan-germanista, no nacionalsocialista; así, para él, la mera lingüística primaba, evidentemente, sobre la raza. No muy diferente, por otro lado, era la evidente actitud de muchos altos funcionarios del Estado e, inclusive, de altos jefes del Partido. ¿Cómo explicar, si no, que Alemania haya retenido, hasta el final no sólo a 2.500.000 prisioneros de guerra franceses, sino también a los mismos valones, cuando liberó de inmediato a los flamencos? La frase que se atribuía al General VON BRAUCHITSCH que por aquel entonces era comandante en jefe de la «Wehrmacht», sea la hubiera pronunciado o no, era: "¿Franceses?. Les haremos descargar bolsas de papas" y ésto reflejaba perfectamente la mentalidad imperante. ¿No había sido el reclutamiento para la "L.V.F." concienzudamente frenado por la embajada alemana en París; e incluso solapadamente saboteado por el Servicio de Sanidad de la «Wehrmacht»?. Nada más comprensible, por lo demás. Porque todos los  oficiales superiores del ejército alemán, excombatientes de la Primera Guerra Mundial, sólo veían en esta Segunda una simple revancha patriótica. Y así, "Europa" no pasaba para ellos, de ser "un hábil falso invento del diabólico Dr. GOEBBELS".
  No así, por cierto, el «SS-Reichsführer», Heinrich HIMMLER, que sí que creía en Europa. Una Europa, sin duda, bajo conducción alemana, pero una Europa federativa, y en la cual, cada comunidad de raza aria tendría los mismos derechos y obligaciones que todas las demás. HIMMLER en persona y muy de cerca, seguía la actuación de las legiones de voluntarios extranjeros y, en especial, de las que no pertenecían al "mundo de habla germana". Quedó estupefacto cuando comprobó el comunicado del Ejército Rojo: "En el río Bobr, unas unidades blindadas pertenecientes al segundo frente de Rusia Blanca han tropezado con la resistencia encarnizada de dos bravas divisiones francesas". ¿Dos divisiones francesas? ¡Tres compañías de la "L.V.F." y que durante tres días, habían detenido el avance de todo un ejército!.
  HIMMLER quería hacer a esta gran Europa. ¿Por qué no empezar con forjar un gran ejército europeo?. ¿Por qué no abrir las filas de las «Waffen SS» para todos los voluntarios, aunque no alemanes pero del mundo occidental, unidos por una raza, una civilización, y una historia comunes?. HIMMLER no ignoraba, por cierto, que iba a tropezar con muchas resistencias, en su mismo Estado Mayor. Con los escandinavos y hasta con los holandeses y flamencos, no había habido problemas: eran "especies de alemanes". Con los bosníacos, tampoco sería difícil: su país ya había formado parte del imperio austrohúngaro. Pero, ¿y con los ex-enemigos? HIMMLER no temía las resistencias y hasta estaba acostumbrado a quebrarlas... Decidió, pues, constituir la "brigada de asalto francesa". Ya hacía tiempo que Joseph DARNAND, jefe de la Milicia Francesa -una organización paramilitar ya creada por el mariscal PETAIN- se lo había pedido.
  Un año va pasando, y desde ese mes de septiembre de 1943 que vio nacer la   «Sturmbrigade Frankreich», se constituyen otras más, rápidamente, como   unidades diferenciadas. Pero el gran cambio se da en 1944, como consecuencia del atentado contra el «Führer»... Altos jefes del ejército regular han tomado parte en la traición. Con ello, la «Wehrmacht» ya no es segura al «Reich».
  HITLER sólo puede contar incondicionalmente con las «Waffen SS»; también con las unidades de no alemanes, pero voluntarios y que combaten por sus ideales nacionalsocialistas. HIMMLER rápidamente aprovechará la oportunidad: Presenta al «Führer», que lo firma sin vacilar, un decreto por el que pasan a la «Waffen SS» todas las unidades no alemanas de la «Wehrmacht», salvo las que se constituyen con voluntarios oriundos de la Unión Soviética, y para las que esta incorporación será selectiva. Se reagrupan, por nacionalidad, a elementos dispersos. Así se reúnen la "L.V.F." (Regimiento 638, de la «Wehrmacht»), la "Brigada de Asalto Francia" con unidades de la "Milicia Francesa", replegadas en Alemania, en la llamada "División de Granaderos Blindados de las Waffen SS   Carlomagno". Inclusive, se incorporan en las «Waffen SS», unidades militares propias y procedentes de países antes aliados -Italia, Hungría, Rumania-, cuyos gobiernos han caído o vacilado.
  A fines de 1944, al lado de dieciséis divisiones alemanas, la «Waffen SS», comporta tres divisiones de «Volkdeutsche» (son la «Prinz Eugen» o "VII División Alpina"; la «Maria Theresia» o "XXII División de Caballería" y la «Karstjager», "XXIV División Alpina), y diecisiete de otro origen: dos son predominantemente escandinavas (la «Wiking» o "V División Blindada", y   «Nordland» u "XI División Blindada"), dos croatas, formadas con musulmanes de Bosnia (la «Handschar» o "XIII División Alpina", y la «Kama» o "XXII   División"), una ucraniana («Galizien» o "XIV División"), dos letonas (la   «Lettland» o "XV División" y la «Latvia» o "XIX División"), una estonia   («Estland» o "XX División"), una albanesa (la «Skanderbeg» o "XXI 21º División Alpina"), tres húngaras (la «Hunyadi» o "XXV División", la «Hungaria» o "XXVI División", con? una tercera División en formación, sin nombre ni número oficial), una flamenca (la «Langemarck» o "XXVII División"), una valona (la «Wallonie» o "XXVIII División"), una italiana (la «Italia», como la "XXIX División"), una rutena (la «Sigling» -antes, denominada como la «Weissruthenien»-, o "XXX División"), una francesa, pero que incorpora, además, a miles de españoles de la «Legión Azul», producto de la "División Azul" o 250 División de la «Wehrmacht», tras desaparecer oficialmente la ayuda del régimen franquista al «Reich» (la «Charlemagne» o "XXXIII División"), y dos holandesas (la «Nederland» o "XXIII División" y la «Landstorm Nederland» o "XXXIV División").
  A esas grandes unidades, hay que agregar otras unidades que son igualmente de las «Waffen SS», como una "Brigada de Asalto", rusa-blanca; un "Batallón de Esquiadores", noruego; un "Batallón Servio", un "Batallón" de griegos, dos  "Batallones" de rumanos", dos "Batallones" de búlgaros, un "Batallón" de bretones, además de las "Legiones de Voluntarios Caucasianos", una "Legión Hindú" y numerosos "Einsatzgruppen" de muy distintas nacionalidades (y, a menudo, multinacionales). Sin hablar ya de las tres "Divisiones Montadas", de caballería cosaca que gozarían, en las «Waffen SS», de un estatuto especial y «sui generis».
  Merece una mención aparte la gran «Sankt Kreuz» de polacos, una "Brigada"   (aunque en realidad un regimiento), y constituida por prisioneros, hechos tras la sublevación de Varsovia. Cuando se vieron abandonados a su suerte por los ejércitos soviéticos, detenidos y voluntariamente inactivos al otro lado del Vístula, muchísimos de estos combatientes polacos habían comprendido, en el último momento, cuáles eran sus peores enemigos y tras ello, como las «Waffen SS» les abrió sus filas, se encuadraron dentro de ellas y en ellas que lucharon hasta el final de la guerra.
  A principios de mayo de 1945, justo antes del final, todas las unidades  militares del "Cuerpo Negro" contaban con alrededor de 400.000 combatientes; pero, de estos, más de la mitad no eran alemanes. Así, del millón de hombres que, a lo largo de la guerra sirvieron en las «Waffen SS», 400.000 eran alemanes del «Reich» y 300.000 «Volkdeutsche» (los "racialmente alemanes"), mientras que 300.000 pertenecían a otras naciones arias. Esto dicho en números redondos, sumamente aproximativos. NOTA.- La proporción existente entre solicitantes y admitidos a las «Waffen SS», no superó jamás al 10%; o sea, 9 de cada 10, no lograban ingresar en ésta élite.

LA GUERRA DE HITLER - David Irving

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La guerra de Hitler es una minuciosa reconstrucción de la II Guerra Mundial desde el punto de vista de Hitler, es decir, utilizando testimonios y documentos –en gran parte desconocidos hasta hoy- que proceden de las altas esferas del III Reich. El historiador, siempre en un tono sereno, desapasionado y estricto, se propone destruir las incontables versiones interesadas y falseadas que desde uno y otro bando se han ido acumulando sobre un tema tan controvertido; y su relato se esfuerza por desentrañar la verdad de los hechos, situándonos en el centro neurálgico de la eficaz máquina bélica alemana, como un observador que por encima de todo prejuicio sólo busca pruebas documentales de cómo ocurrieron realmente las cosas.
El rigor de su método y la gran riqueza de las fuentes inéditas que ha podido consultar le permiten darnos una visión de los hechos muy distinta de la comúnmente admitida. Tanto que ha escandalizado a multitud de lectores, ninguno de los cuales, sin embargo, ha podido refutar con pruebas válidas las afirmaciones de Irving. En el libro no se disminuyen ni se justifican las responsabilidades de Hitler, ni se pretende dar de él una imagen favorable, pero sí se matizan con sumo cuidado innumerables aspectos exagerados de la guerra y la personalidad del dirigente nacionalsocialista (como las leyendas al uso de un “Hitler loco” o un “Hitler enfermo”, el supuesto “holocausto” de los judíos, o la competencia entre algunos líderes nazis) que permiten un análisis mucho más profundo y pormenorizado de lo que suelen dar las simplificaciones habituales.
La guerra de Hitler, obra de lectura apasionante en la que abundan las revelaciones significativas tanto desde el punto de vista humano como del histórico, es, pues, un intento capital para comprender y conocer uno de los temas más polémicos de la historia contemporánea.

Editorial: Ojeda; Idioma: español; Encuadernación: pasta blanda; Formato: 17x24cms.; 680 páginas; ISBN: 978-84-86041-75-5; Año ed. 2008; 5º edición; Ilustrado B/N; Peso: 1.100gr.




LA DESTRUCCIÓN DE DRESDEN - David Irving

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NUEVA EDICIÓN CORREGIDA Y AUMENTADA, Y CON FOTOS. El verdadero holocausto. La horripilante exposición original del ataque terrorista aéreo más devastador de la historia. El primer libro que explicó al mundo lo que había ocurrido en esta ciudad alemana en 1945.
El bombardeo, incendio y destrucción de Dresde se llevó a cabo hacia el final de la Segunda Guerra Mundial por parte de la Royal Air Force (Gran Bretaña) y la US Air Force de los Estados Unidos. Con este nombre se suele hacer referencia a los cuatro ataques aéreos consecutivos que se realizaron entre el 13 y el 15 de febrero de 1945, apenas doce semanas antes de la capitulación de Alemania. Durante los mismos, entraron en acción más de mil bombarderos pesados, que dejaron caer sobre la “Florencia del Elba” cerca de 4.000 toneladas de bombas altamente explosivas y dispositivos incendiarios, arrasando gran parte de la ciudad y desencadenando una tormenta de fuego que consumió el centro histórico de la misma, quemando vivos bajo el fuego inextinguible del fósforo líquido decenas de miles de civiles alemanes (mujeres, niños, ancianos y refugiados principalmente).

El número de víctimas varía enormemente en función de la fuente, pero la línea mayoritaria en la historiografía actual sitúa el número de muertos entre 35.000 (los que pretenden minimizarlo) y 350.000, decantándose los estudios más recientes por las cifras que rondan entre 100.000 y 202.000. Esta es una cantidad superior a las víctimas de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. Otras ciudades alemanas y japonesas sufrieron genocidios similares, como Tokio (100.000) o Hamburgo (40.000).
El bombardeo de Dresde sigue siendo uno de los episodios más polémicos de la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad persiste aún el debate dado que la capital sajona no era un objetivo de interés estratégico o militar tal y como aseguran fuentes políticas o militares aliadas, sino que por el contrario el bombardeo fue una represalia desproporcionada e indiscriminada e incluso se trató de un crimen de guerra realizado a sangre fría con la firme intención de aniquilar a millones de civiles alemanes y a los refugiados del este de Europa, que huían del avance del Ejército Rojo y buscaban refugio, precisamente, en Dresde.

LAS CIFRAS
Desde el fin de la guerra el número de fallecidos en el bombardeo de Dresde ha sido objeto de constante revisión por parte de la comunidad académica. Las cifras exactas son difíciles de determinar. Los cálculos cuentan con la dificultad añadida de que, la ciudad, que en 1939 tenía una población de 642.000 habitantes, estaba en el momento del bombardeo atestada con cerca de 200.000 refugiados más y miles de soldados heridos convalecientes en la ciudad y sus hospitales.
Las cifras habituales en las primeras décadas de la posguerra variaban dependiendo de la documentación disponible, fuera esta procedente de la misma policía alemana de la ciudad o bien de otras fuentes más o menos fiables. Las primeras informaciones que se publicaron en los medios, se hacían eco de cantidades de seis cifras. El periódico sueco Svenska Morgenbladet apuntaba el 17 de febrero de 1945 “por encima de los 100.000” y el 27 de febrero a “cerca de los 200.000” muertos. En 1948, el Comité Internacional de la Cruz Roja mencionaba 275.000 cuerpos “identificados” en la región de Dresde basándose en informes procedentes de las autoridades. En 1951, Axel Rodenberger hablaba de entre 350.000 y 400.000 fallecidos. F.J.P. Veale escribió en 1955 en Advance to Barbarism que el número estaba entre los 300.000 y los 500.000. El británico David Irving, autor de este libro, calculó ya en 1963, en su libro “La destrucción de Dresde”, entre 135.000 y 250.000 víctimas; Hans Dollinger en 1973, 250.000; y Rolf Hochhuth en 1974, 202.000 utilizando a Irving como fuente. El Süddeutsche Zeitung hablaba en 1975 de 135.000 y Die Welt de “250.000 o incluso 400.000” fallecidos. El antiguo oficial del alto mando de Dresde Eberhard Matthes afirmaba ya entrada la década de los 90 que a finales de abril de 1945 tuvo lugar en su presencia una conversación telefónica con Adolf Hitler, en la que se informó al Führer de 3.500 cadáveres identificados, 50.000 identificables y 168.000 inidentificables.

Editorial: Ojeda; Idioma: español; Encuadernación: pasta blanda; Formato: 16x24cms.;380 páginas; ISBN: 978-84-86041-96-0; Año ed. 2011; 3ª edición; IlUstrado en B/N 40 fotos en papel cuche; Peso: 677gr.






LA MUERTE DE RUDOLF HESS - Abdallah Melaouhi

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“YO MIRÉ A SUS ASESINOS EN LOS OJOS” Abdallah Melahoui rompe, 20 años después del asesinato de Rudolf Hess, su silencio, e informa por vez primera detalladamente en su libro sobre los cinco años que pasó con el último prisionero de Spandau. Describe no sólo la despiadada cotidianeidad del “prisionero más solitario del mundo”, sino que informa también sobre los numerosos acontecimientos, hasta ahora desconocidos, que nos acercan más al ser humano. Extraídos de la prisión ilegalmente, el autor nos ofrece 30 páginas de documentos manuscritos de Hess entre solicitudes, cartas, informes y descubrimientos que dejan patente que el anciano no estaba en absoluto cansado de la vida, sino que pese a todos los obstáculos luchaba incansable por su libertad y esperaba poder disfrutar sus últimos meses de vida junto a su familia y su nieto. El 17 de agosto de 1987 los asesinos se apresuraron a adelantarse a la liberación de Hess anunciada por Gorbatschow. Pero no podían sospechar que sería precisamente el enfermero tunecino de Hess quién conseguiría abrirse paso hasta el lugar de los hechos y encontrar in fraganti a los asesinos sobre el cadáver.
Editorial: Ojeda; Idioma: español; Encuadernación: pasta blanda; Formato: 15,5×23,5cms.; 296 páginas; ISBN: 978-84-7633-019-7; Año ed. 2014; 1ª edición; Ilustrado B/N y color; 838gr.




No culpable en el juicio de Nuremberg - Carlos Whitlock Porter

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“Desde comienzos de nuestra historia, habitualmente se han narrados «hechos» que luego los historiadores posteriores pusieron en duda y terminaron por degradar el «hecho» en sencillo «rumor».
En 1946, fue considerado un «hecho» que los nazis hubieran fabricado jabón de grasa humana (Sentencia, Proceso de Nuremberg, IMT I 252 «283»; VII 597-600 «656-659»; XIX 506 «566-567»; XXII 496 «564»).
Desde entonces este «hecho» se consideró sencillamente un «rumor» (Hilberg, Destruction of the European Jews, Destrucción de los judíos europeos), edición «revisada, definitiva», Holmes and Meier, NY, p. 966: «El origen del rumor del jabón humano queda desconocido hasta el día de hoy»).
El «rumor», de origen soviético (Prueba URSS 393), que no fue objeto de ninguna prueba médica forense, se halla en el Palacio de la Paz en La Haya, Holanda. Los funcionarios del Palacio lo muestran a ansiosos visitantes y les dicen que es auténtico, pero parecen no responder a cartas de personas que intentan examinarlo.
En 1943, el «rumor» era que los nazis estaban masacrando a los judíos en cámaras de vapor, en cámaras electrificadas, en cámaras al vacío, y en cámaras de gas (The Black Book: The Nazi Crime Against the Jewish People (El Libro negro: el crimen nazi contra el pueblo judío), pp. 270, 274, 280, 313, presentado como «prueba» a la Comisión de Nuremberg).
En 1946, las cámaras de gas llegaron a ser consideradas un «hecho», mientras que las masacres en cámaras de vapor, en cámaras electrificadas, y en cámaras al vacío quedaron considerados sencillamente «rumores» (N.B.: las masacres en «cámaras de vapor» fueron «probadas» en el proceso de Oswald Pohl, cuarto proceso de Nuremberg, NMT IV, 1119-1152).
Las «pruebas» según las cuales los nazis habían masacrado a los judíos en cámaras de gas no son mejores, en cuanto a su calidad, que las «pruebas» según las cuales los habían matado en cámaras de vapor, en cámaras electrificadas, o en cámaras al vacío. Nos parece legítimo cuestionar tales «pruebas».
Este libro consiste, no de una «revisión» de la historia, sino de una sencilla guía a materiales históricos que han sido olvidados. Se olvidan las 312.022 declaraciones notarizadas presentadas por la defensa durante el primer proceso de Nuremberg, pero se recuerda muy bien de las 8 o 9 declaraciones presentadas por la prosecución que las hubieran «refutado» a todas (según la prosecución) (XXI 437 «483»)).
Este libro contiene muchas referencias a la paginación. No las citamos para confundir, impresionar, o intimidar al lector, ni para probar la verdad de las alegaciones hechas, sino sencillamente para ayudar a aquellos interesados, a hallar cosas de interés. Es el lector quién debe decidir si las declaraciones de la defensa son más dignas de confianza que el jabón de grasa humana (Documento URSS-397), los calcetines de cabellos humanos (Documento URSS-511), o las hamburguesas de carne humana (Prueba 1873, proceso de Tokio) de la prosecución.
El libro de Porter nos deja, en suma, un breve repaso por el Juicio de Nuremberg y como los vencedores manipularon el proceso, presionaron y chantajearon a los testigos e inventaron acusaciones. El autor saca por fin a la luz pública las actas de la defensa, a las que se hace referencia en todo momento, escondidas desde hace 56 años en La Haya y nunca publicadas hasta la fecha.
INTRODUCCIÓN

La revisión de la historia es tan vieja como la historia misma.
Los Anales de Tácito, por ejemplo (xv 38), hacen mención de un «rumor« según el cual Nerón habría quemado Roma. El «rumor« fue repetido por otros historiadores romanos como un «hecho« (Suetonius, Nero, 38; Dio Cassius, Epistulae, lXII 16; Pliny Naturalis Historia XVII 5).
Los historiadores posteriores dudaron de este «hecho« y degradaron el «hecho« en sencillo «rumor«.
En 1946, fue considerado un «hecho« que los nazis hubieran fabricado jabón de grasa humana (Sentencia, Proceso de Nuremberg, IMT I 252 «283»; VII 597-600 «656-659»; XIX 506 «566-567»; XXII 496 «564»).
Desde entonces este «hecho« se consideró sencillamente un «rumor« (Hilberg, Destruction of the European Jews, Destrucción de los judíos europeos), edición «revisada, definitiva«, Holmes and Meier, NY, p. 966: «El origen del rumor del jabón humano queda desconocido hasta el día de hoy«).
El «rumor«, de origen soviético (Prueba URSS 393), que no fue objeto de ninguna prueba médica forense, se halla en el Palacio de la Paz en La Haya, Holanda. Los funcionarios del Palacio lo muestran a ansiosos visitantes y les dicen que es auténtico, pero parecen no responder a cartas de personas que intentan examinarlo.
En 1943, el «rumor« era que los nazis estaban masacrando a los judíos en cámaras de vapor, en cámaras electrificadas, en cámaras al vacío, y en cámaras de gas (The Black Book: The Nazi Crime Against the Jewish People (El Libro negro: el crimen nazi contra el pueblo judío), pp. 270, 274, 280, 313, presentado como «prueba« a la Comisión de Nuremberg).
En 1946, las cámaras de gas llegaron a ser consideradas un «hecho«, mientras que las masacres en cámaras de vapor, en cámaras electrificadas, y en cámaras al vacío quedaron considerados sencillamente «rumores« (N.B.: las masacres en «cámaras de vapor« fueron «probadas« en el proceso de Oswald Pohl, cuarto proceso de Nuremberg, NMT IV, 1119-1152).
Las «pruebas« según las cuales los nazis habían masacrado a los judíos en cámaras de gas no son mejores, en cuanto a su calidad, que las «pruebas« según las cuales los habían matado en cámaras de vapor, en cámaras electrificadas, o en cámaras al vacío. Nos parece legítimo cuestionar tales «pruebas«.
Este libro consiste, no de una «revisión« de la historia, sino de una sencilla guía a materiales históricos que han sido olvidados. Se olvidan las 312.022 declaraciones notarizadas presentadas por la defensa durante el primer proceso de Nuremberg, pero se recuerda muy bien de las 8 o 9 declaraciones presentadas por la prosecución que las hubieran «refutado« a todas (según la prosecución) (XXI 437 «483»)).
Este libro contiene muchas referencias a la paginación. No las citamos para confundir, impresionar, o intimidar al lector, ni para probar la verdad de las alegaciones hechas, sino sencillamente para ayudar a aquellos interesados, a hallar cosas de interés. Es el lector quién debe decidir si las declaraciones de la defensa son más dignas de confianza que el jabón de grasa humana (Documento URSS-397), los calcetines de cabellos humanos (Documento URSS-511), o las hamburguesas de carne humana (Prueba 1873, proceso de Tokio) de la prosecución.
N.B.:
IMT = International Military Tribunal
(Proceso Internacional de Nuremberg en 4 idiomas)
NMT = National Military Tribunal
(procesos norteamericanos de Nuremberg, en inglés)

Ante la falta de indicaciones al contrario, toda paginación se refiere a la IMT (edición norteamericana). y « » = paginación alemana.