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Los judíos a travez de los siglos - Ricardo C. Albanes

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INTRODUCCIÓN







 

Los peores enemigos de nuestros pueblos - Jean Boyer

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Esta obra contiene los grandes secretos de la subversión y de las revoluciones que han derrocado a los gobiernos patrióticos, civiles o militares, que se han erigido en el mundo para impedir que sus naciones caigan en la anarquía, el caos o la esclavitud totalitaria colectivista, cubierta con la máscara del socialismo o del comunismo.



Los Judios Secretos - Cecil Roth

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Estamos ante la presencia de un libro clásico, de imprescindible lectura para quien quiera profundizar en este especial capítulo de la historia judía. El historiador judeo británico Cecil Roth (1899-1970) aporta una comprensible visión global de acontecimientos y procesos, resaltando al mismo tiempo la imprescindible dimensión personal del relato. Como sostiene gráficamente el autor, las conversiones forzosas lograron que muchos de los anteriores infieles judíos se tornasen en posteriores herejes cristianos debido a su práctica habitual de ritos y normas judías.

Habían surgido los marranos, judíos secretos pero superficialmente cristianos, que más adelante transmitirán tal condición a sus descendientes, de generación en generación.

Los judíos que prefirieron el bautismo al exilio ante el edicto de 1492, se sumaron como nuevos cristianos a los descendientes de aquellos miles que, un siglo antes, ya se habían convertido compulsivamente durante las matanzas de fines del s. XIV para evitar la muerte a manos de la turba. Asimismo, una numerosa proporción de los que optaron por el exilio español se trasladaron a Portugal, cuyo gobierno establecerá la conversión obligatoria de los judíos pocos años después.

Según Roth, fue en Portugal donde el marranismo tuvo mayores posibilidades de afianzarse, debido a una cierta laxitud en la corona portuguesa respecto a los cristãos novos y a que la Inquisición inició sus actividades medio siglo después que en España. Tal afianzamiento relativo habría permitido una posterior asunción plena del judaísmo, una vez fuera de la península, por parte de numerosos conversos y descendientes de conversos que consiguieron emigrar.

En el libro también se detalla la expansión e influencia que más adelante representaron los marranos —conocidos en su época como ‘portugueses’— en Europa y en América, bien como judíos asumidos, bien manteniéndose como cristianos.

Finalmente, el autor incluye el relato del sorprendente y casual descubrimiento de la comunidad criptojudía de Belmonte, al norte de Portugal, en la segunda década del s. XX.



La seta venenosa - Ernst Hiemer

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Prólogo del Traductor

1939 es marcado en la historia oficial como el año en que inició la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, desde 1933, año en que apenas había llegado Hitler al poder, el sionismo había declarado la guerra a Alemania, así quedó patente en la publicación del viernes 24 de marzo de 1933 del periódico británico Daily Express con el titular "Judea declara la guerra a Alemania". La publicación invitaba a todos los judíos del mundo a boicotear los productos alemanes. Ésta verdad elemental se ha propagado por el mundo gracias a internet, pero más que todo fue gracias al valiente trabajo de los historiadores revisionistas. La guerra económica es un mecanismo de presión contra los países y busca someterlos a la voluntad de los señores del dinero, no por casualidad, Richard Coudenhove-Kalergi mencionó en su libro de 1925, Praktischer Idealismus: “Ahora, la lucha comercial está reemplazando a la militar: el boicot y el bloqueo se emplean en lugar de la guerra; la huelga política en vez de la revolución”, éste modus operandi de los reyes del oro suele llevar a las naciones al quebrantamiento económico y moral, además de provocar tantas muertes por hambre como las que provoca un bombardeo masivo. Gerd Honsik mencionó que “El boicot y el bloqueo son armas dirigidas contra las madres y sus hijos”.

Con esto el sionismo había demostrado su verdadero rostro y los Nacionalsocialistas tenían muy claro quién era su enemigo, en respuesta, en 1935 los alemanes dictaron Las Leyes de Nuremberg, por medio de las cuales se buscaba aplicar restricciones a las actividades de los judíos, ahora enemigos declarados, dentro de Alemania, pero además los Nacionalsocialistas emprendieron la titánica tarea de educar al pueblo en ésta verdad ineludible incluidos los niños. Con ese objetivo, el libro que usted tiene en sus manos fue editado en 1938 con el título Der Giftpilz (La Seta) y fue publicado por Julius Streicher, editor del diario Der Sturmer de corte Nacionalsocialista. El texto es de Ernst Hiemer y las ilustraciones de Philipp Rupprecht quien firmaba como Fips. Las historias e ilustraciones fueron pensadas para niños y el libro se distribuyó en las escuelas primarias con el objetivo de enseñar a los niños sobre los peligros que los judíos representaban para todo el pueblo alemán. Hoy en día, el sionismo hace lo mismo que hicieron los Nacionalsocialistas pero estos obligan a los niños alemanes a leer el Diario de Ana Frank con el objetivo de sembrar la autoculpabilidad en las nuevas generaciones de alemanes. Lo que podríamos fácilmente denominar como “El Tratamiento de Desnazificación en la Actualidad”.

Una copia del presente libro se exhibe en el Museo Memorial del Holocausto en Washington, Estados Unidos, y en 2019 el Museo Judío de Londres exhibió una exposición con la que buscaba demostrar que el estereotipo del judío adinerado es un error y se exhibió el presente libro, puesto que habla sobre la preponderancia de los banqueros judíos en la economía. Abigail Morris, directora del Museo Judío de Londres dijo: “Los mitos y los estereotipos tienen sus orígenes, y ésta exposición se basa en objetos de más de 2,000 años para ir a las raíces de las prácticas judías en torno al dinero. Al mismo tiempo, muestra cómo ciertas interpretaciones peligrosas, incluso mortales, surgieron y aún proliferan en todo el mundo”. Los maestros de la mentira buscan con esto, hacer creer a las masas que es un simple mito que la


mayoría de los grandes bancos del mundo pertenecen desde hace siglos a familias judías entre las que podemos citar a los Rothschild y a los Warburg.

La traducción del alemán al inglés fue realizada por Gary Lauck y la publicó con el título “The Poisonous Mushroom” (La Seta Venenosa), lo que le acarreó acusaciones de “antisemita” y “neonazi”. En 1995 fue arrestado en Dinamarca y deportado a Hamburgo Alemania donde tenía una acusación y era buscado por distribuir “propaganda neonazi”, lo que le valió una condena a cuatro años de prisión. Fue liberado el 19 de marzo de 1999 y deportado a los Estados Unidos. En 2007 produjo la traducción al estonio, motivo por el cual el Servicio de Seguridad Interna de Estonia presionado por el Lobby Judío, inició una investigación bajo la acusación de “incitación al odio”. El caso de Lauck es uno entre miles de personas que han sido encarceladas por criticar al sionismo, lo que nos recuerda las palabras de Voltaire: “Para saber quien gobierna sobre ti, simplemente encuentra a quién no estás autorizado a criticar”.

Robert Faurisson mencionó en una conferencia: “El revisionismo no es una ideología, es una metodología”, como metodología nos permite revisar la historia imparcialmente y arrojar resultados igualmente imparciales, cosa contraria a lo que sucede cuando la Historia se estudia desde un punto de vista ideológico. Por lo tanto, el lector observador, notará que el presente libro de cuentos infantiles, tenía en 1938 la misma función propagandística que hoy tienen Hollywood y la enorme producción literaria sobre el holocausto judío recalcando la maldad alemana durante la época del Nacionalsocialismo, es decir, identificar, señalar y por supuesto denostar a un enemigo abiertamente declarado, ese es el objetivo de la propaganda, sea quien sea el que la pone en práctica. De tal modo que si los alemanes hubiesen ganado la guerra, las películas y libros que se producen masivamente sobre la Segunda Guerra Mundial, serían anti judíos y anti Aliados al contrario de anti alemanes.



El mito del judaísmo de cristo - Joaquin Bochaca

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La Verdad es lo que se hace creer, decía Voltaire. Hoy, es una de esas "verdades" el judaísmo de Cristo. "Jesucristo fue judío", es frase que, pronunciada sólo un par de siglos ha, podía costar a su autor el incurrir en los rigores de la Inquisición. Hogaño, esta frase, a fuerza de ser repetida, impresa y oralmente, millones de veces, de ha convertido en un axioma, en un lugar común en algo tan indudable que, si aún de repite a menudo es casi con el único objetivo de servir de escudo o de fianza moral a tal o cual grupo de judíos, para precaverse de la reacción de los no-judíos contra sus métodos comerciales, políticos o sociales. Cuando alguien dice, por ejemplo, que los inventores y la inmensa mayoría de propagadores del Comunismo son judíos; que judíos son en abrumadora mayoría los miembros del "racket" internacional de la finanza y que también lo son -y lo fueron- tal o cual traficante de pornografía, estafador, criminal crapuloso, Ginzberq, Stavisky, Caryl Cheesmann, etc, en vez de replicar con argumentos lógicos y coherentes -como puede evidentemente hacerse, con mayor o menor fortuna- un enjambre de piadosos clérigos y bondadosos seglares os dirán, con unción que "también nuestro Señor, Jesucristo, fue judío".
Y lo que más nos sorprende es que, en insólita vecindad con esos píos personajes, y haciendo coro con ellos, de hallan los anticristianos por definición, ateos, comunistas y toda la variada fauna de compañeros de viaje. En realidad para un Cristiano y, concretamente, católico, Jesucristo no pudo ser judío. El católico que tildare de judío a Cristo cometería una herejía. Por lo menos, mientras que un nuevo Concilio superaperturista no modificare el Credo y, allí donde durante siglos de ha dicho "concebido por obra y gracia del Espíritu Santo de mandará decir, por ejemplo, concebida por obra y gracia de Samuel Levy". Un judío según el Talmud, según la legislación del actual Estado de Israel, y según seis años de tradición universalmente conocida, es descendente de un judío y de una judía. Para el creyente, Jesucristo es hijo de Dios, no de un hombre. Esto deja zanjado el asunto para el católico y para la mayoría de protestantes de buena fe.
Humanamente hablando, sólo puede considerarse judío a Jesucristo partiendo de indemostrados prejuicios o arropándose en la más crasa ignorancia. Es sabido que Cristo era galileo. La palabra Galilea (che Gelil haggoyim) significa textualmente "distrito de paganos".[1] Parece ser que este rincón del Norte de Palestina, tan alejado de su centro espiritual, Jerusalén, no tuvo nunca, racialmente hablando, una población homogénea y pura, ni siquiera en los tiempos antiguos que Galilea era la patria de las tribus de Naftalí y Zabulón.[2]Neftalí, sobre todo, de caracterizó desde el principio por su extracción muy mezclada[3] y su población no israelita de concentró sobre todo en Galilea. Cuando, diez siglos antes de Cristo, Israel de escindió en dos reinos independientes, Judea y Galilea, no hubo ningún lazo político entre ambos territorios, como no fuera en muy cortos intervalos... y es la unión política solamente, y no una relativa identidad de creencias religiosas lo que asegura la fusión de los pueblos.
En el año 720 a.C. Galilea había siso devastada por los asirios, y su población bien en su totalidad, según el historiador judío Graetz, bien en sus cuatro quintas partes, según el historiador Roberson Smith, deportada, siendo sustituida por gentes procedentes de Asiria y Grecia, semíticos y Arios los primeros, y arios puros los segundos. Entre los dos historiadores coinciden en que, además de asirios y griegos de permitió la instalación de numerosas tribus de pastores escitas.
El húngaro Ferenc Zajhty pretende que "los judíos estaban seguros de que Jesús no era de su raza".[4] Zajhty asegura que, en el siglo VII a.C. el rey asirio Salmanasar de llevó cautiva a "toda la población", entonces parcialmente judía Galilea. Los pastores escitas y los nuevos colonos griegos, asirios y macedonios que subsiguientemente ocuparon el espacio de las poblaciones desplazadas, adoptaron el credo religioso judío pero, según expresión de los propios judíos, estaban "únicamente bajo leyes judías". Los judíos -termina Zajhty- nunca aceptaron a los galileos como verdaderos descendientes del santo Patriarca Abraham.[5]
Durante los siglos que preceden al nacimiento de Cristo, de constata la inmigración de numerosas colonias de fenicios y Griegos en Galilea, según Houston Stewart Chamberlain[6]y especialmente, Reville[7] quien precisa que las inmigraciones de los semitas (fenicios) superaron en razón de dos a uno las de los arios (griegos y macedonios). Alejandro Magno, en 331 a.C. expulsó a los pobladores de Samaria, reemplazándolos con macedonios; una importante parte de esos macedonios emigró, a su vez, a la "Tierra de los Gentiles" o Galilea.[8]
Está fuera de toda duda que en las tierras de Galilea, fecundas y de fácil acceso -al revés de Judea, prácticamente incomunicada- cohabitaban multitud de razas, con la excepción de la propiamente llamada raza judía. En el Antiguo Testamento se cuenta[9] cómo los pobladores de Galilea interpretaron la multiplicación de las bestias salvajes en su territorio como un signo de la venganza de los dioses del país, y delegaron una embajada al rey de los asirios pidiéndoles les enviara un sacerdote israelita de los que él tenía cautivos, y el sacerdote vino y enseñó a los galileos "el culto del Dios de Jerusalén". Así fue cómo los habitantes de la Palestina Septentrional (Samaria y Galilea) llegaron a ser judíos por la religión, aún cuando los samaritanos llevaran muy poca sangre judía en sus venas, y los galileos prácticamente ninguna.
Graetz afirma que, entre las invasiones -seguidas de deportaciones- de los asirios, un pequeño número de judíos había vuelto a infiltrarse en Galilea, dedicándose a actividades comerciales y cambistas. Según el Libro I de los Macabeos, el caudillo hebreo Simón Tharsi reunió a todos los judíos que habían vuelto a Galilea y les obligó a regresar a Judea, A TODOS, SIN EXCEPCION en el año 164 a. C.[10]
La originalidad del carácter nacional galileo queda marcada por otro signo infalible: la lengua. En los tiempos de Cristo, en Judea de hablaba en Arameo. El hebreo, ya entonces lengua muerta, sólo sobrevivía en los escritos sagrados. Los galileos empleaban un dialecto del arameo tan diferenciado del empleado por lo judíos que hasta una sirvienta lo podía reconocer ("Tu lengua te ha traicionado" le grita una sirvienta del Sumo Sacerdote a San Pedro).[11] A los galileos les estaba prohibido rezar en voz alta puesto que "su pronunciación defectuosa excitaba la hilaridad".[12] Renan, igualmente, confirma la imposibilidad de los galileos para pronunciar las guturales.[13] Este hecho según Chamberlain, denota una anomalía de la estructura de la laringe de lo galileos, comparada con la de los judíos, y la existencia, así demostrada de un carácter de orden somático que les diferencia, autoriza la presunción de una fuerte aportación, de sangre aria entre los galileos, pues la abundancia de los sonidos guturales es un trazo común a todos los pueblos semíticos y prácticamente no existe entre los arios.[14]
Louis Marschalsko, hace notar que las viejas leyes judías protegían a los judíos al máximo y que la sentencia de muerte sólo podía imponerse a un ladrón o a un estih, es decir a una persona que intentara persuadir a los judíos de abandonar su creso o causar una brecha en su unidad racial. Según las antiguas leyes y costumbres judías, la posibilidad de escapar de la pena de muerte quedaba abierta en todos los casos, y hasta el último instante. En el camino entre la prisión y el lugar de ejecución de colocaba un observador cada cien pasos. El deber de dichos observadores era indicar si algún nuevo testigo deseaba aportar testimonio suplementario de descargo en favor del reo. Dicho testigos de última hora se daban a conocer levantando su mano derecha. El reo tenía, así, derecho a nuevo juicio, y, en ocasiones, según la calidad de la nueva prueba aportada, era indultado ipso facto. Es rarísimo que en la procesión que siguió a Cristo harta el Calvario, nadie, ni uno sólo de sus apóstoles, ni uno siquiera de sus discípulos, ni uno sólo de los judíos que lo vitorearon el domingo anterior en Jerusalén, levantara su mano para testificar en su favor y salvarlo, y aquí, según Marschalsko, reside la prueba decisiva de que Él no era judío, pues el privilegio de un nuevo juicio o de una amnistía -que podía obtenerse aduciendo algún acto meritorio del reo- sólo era aplicable a los judíos, y de él quedaban excluidos los gentiles, los extranjeros, y los que dependían de la ley judía pero no eran racialmente judíos.) [15]
Según "Aryas"[16] una prueba más de que Jesús no era judío, los constituyen las dos representaciones suyas encontradas en las catacumbas, y que le muestran con faz netamente aria. Por otra parte, la tradición, latina, bizantina, nos muestra siempre retratos de un Cristo rubio, dolicocéfalo, de un tipo ario bien caracterizado. ¿Simple azar?. Parece muy dudoso.
El historiador francés Patry[17] recuerda que en la época de Jesús, Galilea y Perea tenían su propio tetrarca autónomo, mientras Judea e Idumea estaban sometidos a un procurador romano. La separación política entre judíos de raza -dice Patry- y judíos de religión, los primeros en Judea y los segundos en Galilea, era completa. Subraya Patry que los contemporáneos de Jesús le llamaban "el Galileo" y "el nazareno" y no "el betlehemita". De donde resulta -concluye el citado Patry- que Jesús no era un judío semita, porque los judíos semitas no tenían derecho a habitar en Palestina[18].
¿Era Jesucristo, humanamente hablando, racialmente hablando, un judío? Quienquiera que afirme tal cosa, proclama su ignorancia, si confunde raza y religión; su desprecio por la verdad si, conociendo la historia de Galilea, afirma que los galileos eran judíos. Para observar cuan burdo es el error que consiste en confundir raza y religión, fijémonos en esos demasiados numerosos núcleos de budistas que existen en Occidente, particularmente en Flandes y en Holanda, o en los campesinos serbios, bosnios, albaneses que profesan la religión musulmana, importada por los otrora dominadores turcos, y preguntémonos a quien se le ocurriría llamar árabe a un rubio metalúrgico de Belgrado o chino a un contable de Amberes.
Que judíos y galileos se consideraban como miembros de dos comunidades fundamentalmente diferentes puede comprobarse por poco familiarizado que se esté con los textos evangélicos: San Juan, cada vez que se refiere a "los judíos" parece designar a alguien extranjero, y en el mismo evangelio se dice que "los judíos decían que ningún profeta ha salido jamás de Galilea".[19]
Basándose en los datos que nos proporciona la Historia, en Palestina existía una rola raza pura; una raza que, mediante severas prescripciones se preserva de todo contacto con los demás, y que se llama la raza judía. Hemos dicho -y creemos haber demostrado- que es prácticamente imposible que Jesucristo, el "Hombre" Jesucristo, insistimos en ello, perteneciera a dicha raza. Para los que, negliqiendo los datos históricos, prefieran acomodarse con los árboles genealógicos que de Él nos ofrecen los Evangelios de San Mateo y San Lucas, solamente podemos decir una cosa; esas genealogías se refieren a San José, y San José no es el verdadero padre de Jesucristo, según los creyentes... y tampoco pudo serlo para los no-creyentes, dada su edad cuando re produjo el nacimiento de Jesús. Con referencia a Su Madre, María, los Evangelios canónicos, nos dicen que era hija de Joaquín y Ana, y que nació cuando esta había pasado ya la edad de maternidad. En uno de los Evangelios apócrifos, rechazados por la Iglesia Católica, se atribuye la paternidad de Jesucristo a un soldado romano, distinguido por su bravura y apodado, por eso mismo, "Pantera". Este Evangelio es citado por Heckel en uno de sus estudios sobre los primeros tiempos del Cristianismo.[20] Así pues, hasta aquellos que pretendan encon-trar en Jesucristo todos los defectos deberán aceptar esta evidencia hereje.
¿A qué raza perteneció Jesucristo? La honestidad intelectual impide dar una respuesta categórica, al menor una respuesta categórica de tipo positivo. Negativamente, se puede aseverar que Jesucristo no fue -no pudo ser- judío.
Sólo la Galilea, que se distinguía de las otras tierras de Palestina por ser objeto de desprecio por los mismos hebreos, había sido la cuna apropiada de la nueva fe, precisamente en virtud de su aparente modestia y humildad (de aquí que a los primeros creyentes, pobres pastores y campesinos, torpemente sometidos a la ley de Israel, pareció necesario buscar el origen de su salvador en la estirpe real de David, casi para excusar la atrevida oposición a la ley hebraica). Es ya dudoso que el mismo Jesús haya pertenecido a la especie hebraica, dado que los habitantes de Galilea eran mal vistos por los hebreos, precisamente por su origen impuro[21]
Richard Wagner
La personalidad de un hombre queda impresa en su obra. Así, como la Novena Sinfonía sólo pudo ser concebida por un europeo, o la doctrina confucionista por un chino, aunque se ignorara todo de la personalidad de su autor, es evidente que el Cristianismo o el cuerpo doctrinal que ha pasado a la posteridad con ese nombre, no pudo ser obra de un judío. El gran historiador del Derecho Jherinq, dice: "El Cristianismo representa una victoria sobre el judaísmo, y encierra en sí, desde su primer origen, un germen ario".[22]
La situación en Galilea entre Fenicia y Siria autorizaría, en principio, la presunción en favor de una ascendencia primordialmente asiria, pero nunca judías. Algunos autores, como Chamberlain, Harnack, Huqo, Winckler, entre otros, inclinan a creer, sin poder afirmarlo resueltamente, que Jesucristo descendía de griegos emigrados a Galilea en el siglo IV a.C.[23] Las descripciones que de su aspecto físico nos han dejado muy escasos documentos y una relativamente abundante tradición oral, nos lo presentan como un ario, pero nada puede afirmare en concreto, excepto que no fue judío. Sus discípulos eran Galileos, como El, con una sola excepción. La excepción fue Judas Iscariote, es decir, Judas de Kerioth, "una ciudad de la tribu de Judá".[24]
Jesucristo no fue tal judío. No hay judíos en el nacimiento del Cristianismo, exceptuando, tal vez, a San Pablo. Pero si se quieren encontrar judíos en el principio de la Gesta Cristiana, es evidente que se halla un nombre que, siendo él un auténtico judío, desempeñó un papel de primera magnitud en la misma: Judas Iscariote.
Al lado de la pía contra-verdad del judaísmo de Cristo se ha venido gestando, hasta convertirse en otro moderno axioma, el de la identidad entre antisemitas[25] y Nazismo, o cualquier otro movimiento o doctrina de semejante cariz. Por otra parte, y con una ausencia total de pudor, se está pretendiendo crear una imagen en la cual, la Iglesia Católica -y con ella las demás confesiones cristianas- se presenta como abanderada del sedicente Pueblo Elegido, protegiéndole contra los abusos y las persecuciones de los impíos. Por ejemplo, los cardenales Mercier, belga, Mundelein de Chicago, y otros, montaron en Bíblica cólera en 1938, porque Hitler prohibió a los judíos de Alemania desempeñar cargos públicos. Lo cómico del caso es que tal disposición tenía un precedente, dado por S.S. el Papa Honorio III que, en su Bula del 29 de abril de 1221, "Ad nostram noveritis audentiam"prohibía a los judíos de los Estado Vaticanos el ejercicio de cualquier carga público, les obligaba a llevar sobre la ropa un distintivo especial, visible a veinte pasos de distancia y establecía, a su intención un "números clausus". La clásica objeción: "eso fue hace mucho tiempo", que puede ser válida en cualquier otro caso o aplicada a cualquier otra entidad, no lo es cuando de aplica a la Iglesia Católica, que es, por definición, universal, que está por encima del Espacio y del Tiempo, y para quien unos cuantos siglo no cuentan gran cosa.
En el panfleto "The Jewish Problem as Dealt With by the Popes"[26] se mencionan nada menos que veintinueve. soberanos pontificios que dictaron cincuenta y siete bulas y Edictos relativos a los judíos. Cada uno de estos cincuenta y siete escritos sería considerado hoy "antisemitismo", "neo-nazi" etc. En ellos de ponen una serie de cortapisas a la actividades de los judíos: se les prohibió emplear sirvientes cristianos;[27] sirvientes, cocineras e institutrices cristianas;[28] ocupar cargos públicos;[29] se manda quemar el Talmud;[30] se les obliga a llevar un distintivo especial visible;[31] se recomienda tener mucho cuidado con los conversos;[32] se prohíbe a los cristianos vivir junto a ellos;[33] se renueva varias veces esta prohibición y se prohibió a los judíos practicar la industria;[34] se les obliga a rezar en expiación;[35] se les prohibió la venta de objetos nuevos.[36]
En tan variado repertorio no faltan las deportaciones y los castigos colectivos: Pío V les expulsa de los Estados Pontificios, excepto de las ciudades de Roma y Ancora, aunque reforzando la vigilancia de estos ghettos;[37] Clemente VIII les prohíbe primero la venta de objetos nuevos; luego la de objetos viejos, y finalmente les expulsa de su Sede, Aviqnon;[38] el mismo Pontífice les expulsa, luego de Roma y Ancora (XL), etc, etc, etc.
Los Sumos Pontífices que hoy serían tildados de "antisemitas", fueron, Honorio III, Gregorio IX, Inocencio IV, Clemente IV, Gregorio X, Nicolás III, Paulo III, Julio III, Paulo IV, Pío IV, Gregorio III, Sixto V, Clemente VIII, Paulo V, Urbano VIII, Alejandro VII, Alejandro VIII, -Inocencio XIII, Benedicto XIII, y Benedictino XIV, que batió el record con seis edictos y bulas relativas a los judíos.
El respetable número de veintinueve Papas y cincuenta y siete bulas "antisemitas", podría, aún, ser notoriamente ampliado, de no ser porque, a partir de la bula "Beatus Andreas"de Benedictino XIV (22 de febrero de 1755) -que se refiere al martirio de un niño cristiano por los judíos y cuya severidad de tono no la mejoraría el Dr. Goebbels- la mayor parte de las Bulas y Edictos de refieren ya, a temas generales, ya a cuestiones de doctrina La situación de los judíos en los Estados Pontificios, e incluso en otros soberanos católicos, fue regulada por decretos y ordenanzas papales.
Hacia el triunfo de la revolución italiana de 1759, y la posterior desaparición de los Estados Pontificios, las regulaciones concernientes a los judíos de Roma fueron muy estrictas, con ocasionales relajaciones de severidad. El carácter común de todas las medidas tomadas fue el proteger a las comunidades cristianas contra la penetración de la raza judía y las ideas talmúdicas. Dichas medidas pueden ser agrupadas en cuatro categorías:
1) Medidas de protección directas de la Fe Católica:
  • Destrucción del Talmud.
  • Prohibición severa de la enseñanza del Talmud e incluso de la Biblia, sin previo control.
2) Medidas encaminadas a asegurar la separación social de judíos y cristianos:
  • Confinación en el ghetto.
  • Prohibición general -a judíos y a cristianos- de cohabitación, en el sentido más amplio de la expresión.
  • Uso de vestidos y distintivos especiales.
  • Expulsión absoluta en ciertas áreas.
3) Medidas asegurando la protección de ciertas profesiones, preservándolas de la influencia judía:
  • Cargos públicos.
  • Profesiones liberales, especialmente la Medicina.
  • Enseñanza.
  • Banca.
  • Ciertos tipos de comercio.
  • Propiedad de los terrenos.
4) Medidas concernientes a la Raza:
  • Prohibición del empleo, por los judíos, de sirvientes "nurses", cocineras, y en general, toda clase de obreras femeninas, no-judías.
  • Prohibición de matrimonios mixtos (considerado como un principio universal por la Cristiandad).
La carta encíclica de S. S. Benedicto XIV enviada "al Primado, Arzobispos y Obispos de Polonia relativa a las prohibiciones a los judíos residentes en las mismas ciudades y distritos que los cristianos polacos" es un documento que, en la actualidad, le habría costado a su autor, por muy vicario de Cristo que fuese, el honor del patíbulo en cualquier eclesiástico Núremberg. Empieza Su Santidad recordando la tradición católica de la nación polaca y haciendo hincapié en las resoluciones del Consejo de Petrikac (Petrikov), presididas por el nuncio Lipomanus, Obispo de Verona... En dicho Consejo y para la mayor Gloria de Dios "el principio de libertad de conciencia fue proscrito y definitivamente excluido de entre los principios, gobernando la vida pública del reino". Recuerdo, luego, el Vicario de Cristo, las resoluciones del Sínodo de la provincia de Gnesen, en las cuales los obispos polacos tomaron sabias medidas para la preservación de su rey contra la "perfidia judía".
Su Santidad de lamenta, luego, de "catastróficas noticias" que han llegado a su conocimiento. He aquí las "catastróficas noticias"; el número de judíos ha aumentado considerablemente; los judíos de han constituido en monopolios, concretamente en el mercado de licores; se han hecho propietarios de inmensas heredades; y "han levado su osadía hasta el punto de convertirse en recaudadores de impuestos". Llama luego la atención sobre el hecho de que algunas cristianas hayan entrado al servicio domestico de judíos, lo que califica de "monstruosa anomalía". Después de pedir que, como reacción no se cometan abusos y exacciones contra los judíos. S. S. reclama la vuelta "al orden sano de las cosas" y a la completa separación (el Apartheid, diríamos hoy) de ambas comunidades, judía y cristiana, con predominio de esta en la vida civil.
Incluso prescindiendo por un momento de su aspecto divino, una sociedad cómo la Iglesia Católica, dos veces milenaria, no toma sus decisiones alegremente, y sin pensar detenidamente los pros y los contras. Sería insultar gravemente el intelecto y la sensibilidad de veintinueve Pontífices, y de centenares de arzobispos, cardenales, obispos -muchos de ellos en los altares- que dictaron medidas "Antisemitas". Parece lógico suponer que si tomaron tales medidas, sus poderosos motivos tendrían. En los últimos doscientos años. El Judaísmo ha creado dos monstruos, el Capitalismo y el Comunismo, ha perpetrado la Revolución "Rusa" y la expoliación de Palestina, y ha contribuido poderosamente al desencadenamiento de dos guerra mundiales, entre otros muchos "éxitos" a cargar a su cuenta. Estamos convencidos de la existencia de muchos judíos decentes, inocentes de los crímenes que el Judaísmo ha cometido y comete, aunque haremos constar que no hemos encontrado ni un judío -¡ni uno solo!- que se haya desolidarizado de sus congéneres del Kremlin, de Wall Street... o de Palestina.
No vemos, pues, ningún motivo especial para creer que las medidas "antisemitas" de la Iglesia, que debieron ser buenas durante dieciocho siglos, se volvieran malas con la aparición del Comunismo, el Capitalismo y el Estado pirata de Tel-Aviv.

Crítica[editar]

La crítica a este punto de vista sobre el no judaísmo de la figura de Jesús se puede extraer de las propias fuentes cristianas, es decir, el Nuevo Testamento así como de los términos en hebreo utilizados por la religión cristiana:
1. El nombre "Jesús" viene del hebreo יהושע (Yehoshua o Josué) y del arameo ישוע (Yeshua), que significa "Yahvé es salvación".
2. En los Evangelios se narra que el padre de Jesús era José (Yosef יוֹסֵף), un carpintero judío de la Casa de David, y su madre, María (Miriam מִרְיָם), de la familia de David y la tribu de Judá. Ambos observaban la Torá (Lucas 2:39) y la festividad judía del Pésaj (Lucas 2:41) Según el Evangelio de Lucas (1: 5,36), el ángel Gabriel (del hebreo גַּבְרִיאֵל "Dios es mi fuerza"), apareció a María y anunció que iba a dar a luz un hijo a quien Yahvé "le dará el trono de David, su padre, y reinará en la casa de Jacob ". Un ángel anuncia a José en las palabras del profeta hebreo Isaías que su hijo va a ser el Mesías esperado por los Judios (Mateo 1: 19-21).
3. La palabra "Mesías", viene del hebreo מָשִׁיחַ (Mashíaj), y literalmente significa "el ungido". Más tarde, judíos helenizados tradujeron esta palabra en griego, usando la palabra Χριστός (Christós) "Cristo", con el mismo significado hebraico, palabra que se puede hallar en Levítico 4:5. de "La Traducción de los 70" o la 'Septuaginta'.
4. En Mateo 2: 1-2, unos "Magos de Oriente" visitaron a Jesús siguiendo una estrella y preguntando: "¿Dónde está el que ha nacido Rey de los Judíos?"
5. Mateo 21: 9 describe cómo las multitudes judías en Jerusalén alaban a Jesús gritando, "¡Hosana al Hijo de David!". La palabra hebrea הושענות Hosanna significa "salve ahora."
6. De acuerdo con la fábula cristiana, Yeshua enseñó su doctrina conforme a las escrituras judías del Antiguo Testamento. Evocó a los profetas judíos, fue llamado "Rabí" רַבִּי ("mi maestro" en hebreo) (Juan 4:31, Juan 3:1-2 y Juan 6:25), asistió a las sinagogas (Lucas 4:16 y Lucas 21:37), observó festividades judías como el Passover o Pésaj (Juan 2:13), Succot o Fiesta de los Tabernáculos (Juan 7:2,10,14), la Fiesta de la Dedicación y Hannukah (Juan 10:22,23) e instó a la gente a no violar la ley de Moisés מֹשֶׁה, de hecho según la fábula bíblica (Mateo 5: 17-19), dijo:
No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolir, sino a cumplir, porque de cierto os digo que antes que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la Ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; pero cualquiera que los cumpla y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos.
7. En Juan 4:9 se dice:
Entonces la mujer de Samaria le dijo a Jesús: "¿Cómo es que tú, siendo judío me pides de beber a mí, una mujer de Samaria?
8. Y en Juan 4:22, Jesús le responde a la mujer samaritana (no judía):
Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.
9. En el propio Evangelio queda de manifiesto que la doctrina de Jesús estaba dirigida únicamente a los judíos cuando éste dice a los doce apóstoles: "No vayáis por camino de gentiles, sino sólo id a las ovejas perdidas de Israel" (Mateo 10:5-6) y "No fui enviado sino a las ovejas perdidas de Israel" (Mateo 15:24). Estas palabras indican volver a recoger en el regazo ortodoxo a aquellos judíos que se han extraviado de la Ley de Moisés: "si creyerais en Moisés me creeríais a mí" (Juan, 5:46). Solamente a partir de las enseñanzas del judío fariseo Schaul "Pablo" de Tarso ("Apóstol de los gentiles"), el cristianismo comienza a ser predicado a los no judíos.
10. En Mateo 15:21-28, se escribe que una mujer cananea ("no judía") fue a ver a Jesús porque su hija estaba siendo atormentada por un demonio. Pero Jesús la ignoró y dijo a sus discípulos "No fui enviado sino a las ovejas perdidas de Israel". Después de insistirle la mujer a Jesús, le dijo a ésta: "No se debe echar a los perros el pan de los hijos". Entonces ella le dijo: "Es verdad Señor, pero los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos". Con estas palabras, para recibir de Jesús aquello por lo que fue enviado ("el pan"), la mujer no judía se sometía al rango de inferioridad ("los perros") respecto a los judíos ("los hijos") y sólo así Jesús accedió a sanar a su hija.
11. Ignacio de Loyola, fundador en 1534 de la Orden católica de los Jesuitas (Compañía de Jesús), y quien se caracterizó por la absoluta obediencia al Papa, no dudaba en dar a Jesús la calidad de judío:
Un día, cuando muchos de nosotros cenábamos juntos, Ignacio de Loyola, hablando de sí mismo sobre un determinado tema, dijo que le habría gustado, y lo habría tomado como una gracia especial de nuestro Señor, descender de linaje judío. Y añadiendo la razón, dijo: "¡Por qué imagínaos! Que un hombre sea pariente por sangre (secundum carnem) de Cristo nuestro Señor y de Nuestra Señora la gloriosa Virgen María!". Él dijo estas palabras con tal expresión facial y con tanta emoción que las lágrimas brotaron de sus ojos.
Pedro de Rivadeneyra, Dichos y hechos de Ignacio (1572).[39]

Referencias[editar]

  1. Volver arriba↑ Houston Stewart Chamberlain: Fundamentos del siglo XIX. p. 286. Payot. (Ed. Suiza).
  2. Volver arriba↑ Ibid. Id. p. 287
  3. Volver arriba↑ Willhausen: Israelitische und Judische Geschichte. o. 74.
  4. Volver arriba↑ Ferenc Zajhty: "Hungarian Millennia" o. 83-85.
  5. Volver arriba↑ Ibis. Id. Op. Cit. p. 88.
  6. Volver arriba↑ Houston Stewart Chamberlain. Los Fundamentos del Siglo XIX. o. 285
  7. Volver arriba↑ Albert Reville: Jesús de Nazareth I, 416
  8. Volver arriba↑ Houston S. Chamberlain. Op. Cit. o. 289.
  9. Volver arriba↑ Libro de los Reyes, II, XVII, 24.
  10. Volver arriba↑ Graetz: Ibis. Volkstumliche Geschichte des Juden, I, 97.
  11. Volver arriba↑ Evangelio de San Juan, VII, 52.
  12. Volver arriba↑ Graetz: Ibis, Id. I, 575
  13. Volver arriba↑ Ernest Renan: Langues Sémitiques, o. 230.
  14. Volver arriba↑ Max Mullera Science of Langaqe. o. 169.
  15. Volver arriba↑ Louis Marschalsko: "World Conquerors" p. 19.
  16. Volver arriba↑ L' Eurpe Réélle. Agosto 1968. no 103. Bruselas.
  17. Volver arriba↑ Patry: La Réligion dans L' Allemagne d' aujour' húi. p. 165.
  18. Volver arriba↑ La separación entre judíos y galileos era tan acusada que según cita de F. Miguel Willan en "La vida de Jesús en el país y pueblo de Israel" pág. 146, existía un refrán que decía "Los galileos estiman más el honor que el dinero; los judíos más el dinero que el honor". Este solo hecho marca ya una diferenciación profunda entre los dos pueblos.
  19. Volver arriba↑ San Juan, VII, 52.
  20. Volver arriba↑ Savitri Devi: Paul de Tarro, p. l.
  21. Volver arriba↑ Richard Wagner. "Religión y Arte". Pg 18
  22. Volver arriba↑ Jherinq: "Vorgeschichte des Indoeuropaer" p. 300.
  23. Volver arriba↑ El publicista norteamericano Howard B. Rand, hace notar, en su panfleto editado por la Christian National Crusade de los Ángeles, California, que Jesucristo no fue un judío, en el sentido en que los judíos son definidos hoy. Insiste en que, según la Biblia, la palabra "judío" aparece, por primera vez, en el libro II de los Reyes (16.6) donde de llama Yehudim (judíos, hijos de Judá) a los miembros de una tribu del Sur de Palestina, y que los descendientes de esa tribu son los actuales judíos. Los descendientes de las otras tribus las llamadas tribus pérdidas, es decir David, Benjamín; Dan, Zabulón, etc- no tienen nada que ver con los actúales judíos -de la tribu de Judá únicamente-se mezclaron en Rusia (el actual Kazakhstan) con los khazares, una tribu turco-mongola que adoptó la religión judía. Estos son los actúales judíos, quienes ni por su raza Khazar (turco-mongola) ni por su rama palestina (de la tribu de Judá) tienen el menor parentesco con las mencionadas, incluida la de David de la cual se dice descendiente el padre de Jesús.
  24. Volver arriba↑ Libro de Josué: XV, 25.
  25. Volver arriba↑ Evidentemente, utilizamos esta expresión a sabiendas de su inexactitud y como concesión a la inercia mental imperante, que altera el significado de las palabras; antisemitismo, que etimológicamente significa "contrario a los semitas" es decir, a los pueblos de estirpe de Sem, incluyendo a los árabes, se ha convertido, con el babelismo conceptual que padecemos, en "oposición a los judíos" (N. del A.)
  26. Volver arriba↑ Editado por Christian National Crusade. St. Louis, Missouri.
  27. Volver arriba↑ Gregorio IX: "Sufficere debuerat perfidiae Judaeorum".
  28. Volver arriba↑ Inocencio IV: "Impía Judaeorum perfidia".
  29. Volver arriba↑ Honorio III: "Ad nostram noveritis audentiem".
  30. Volver arriba↑ Inocencio IV: "Impía Judaeorum perfidia".
  31. Volver arriba↑ Además del mencionado Honorio III, Martín V: "Saedes Apostólica".
  32. Volver arriba↑ Juan. XXII: "Ex parte vestra"
  33. Volver arriba↑ Eugenio IV: "Dudum ad nostram audientiam". Calixto III: "Si ad repreminfos".
  34. Volver arriba↑ Paulo IV: "Cum nimis absurdum".
  35. Volver arriba↑ Gregorio XIII: "Antigua judaeorfum improbitas" y "Sancta Ma¬ter Ecclesiae".
  36. Volver arriba↑ Clemente VIII: "Cum saepe accidere".
  37. Volver arriba↑ Pío V: "Hebraeorum gens".
  38. Volver arriba↑ Clemente VII: "Caeca et obdurata". XL) Ibid. Id.
  39. Volver arriba↑ [1]